La Caída de “El Leon”


 Yo soy Gerardo Gutiérrez, pero todos me conocen como 'El León'. Aquí estoy, tirado en esta camilla en este hospital, mirando el techo y pensando en cómo rayos llegué a este punto. Mis días ahora son una mezcla de doctores que entran y salen, medicinas que no sé para qué sirven, y un montón de tiempo para pensar.

Nací y crecí en Puerto Rico, en un barrio lleno de vida, música y sabor. Desde chamaquito siempre fui de espíritu aventurero, siempre el primero en subirse a los árboles más altos y en meterse en los charcos más grandes. Mi madre siempre decía que yo tenía más energía que un huracán.

***

Conocí a 'Mi Vieja' en una fiesta patronal, bailando con una gracia que capturó mi corazón al instante. Su risa era una melodía que resonó en mi alma desde ese primer encuentro, un sonido que aún me acompaña en los días más solitarios. Desde ese día, supe que ella era la única para mí. La enamoré siendo yo mas enamorado de ella q ella de mi. Nos casamos jóvenes, llenos de sueños y planes para el futuro.

Los años pasaron volando, entre trabajos, criar hijos y enfrentar los altibajos de la vida. Pero siempre juntos, siempre agarrados de la mano, enfrentándolo todo. 'Mi Vieja' fue mi roca, mi faro en la tormenta. Siempre estuvo ahí, con su amor incondicional y su fuerza incansable…la matriarca de mi herencia…la patrona de mi hogar. 

Pero ahora, aquí estoy, recordando esos días desde esta camilla. A veces me siento como un barco viejo, varado en la orilla, mirando al mar y soñando con los días de gloria. Preguntándose a si mismo si algún día volverá a ver las grandes olas del mar abierto. A veces, me pregunto qué habría pasado si...

Pero no, no es momento de lamentaciones ni nada de eso. Cada arruga en mi cara, cada cana en mi pelo, cada cicatriz, cuenta la historia de una vida vivida a plenitud. Y aunque mi cuerpo esté cansado y gastado, mi espíritu aún arde con el fuego de aquel muchacho que corría por las calles de su barrio, libre y salvaje.

La muerte es algo que siempre supe que llegaría, pero nunca pensé mucho en ella. Ahora, se siente más real, más cercana. A veces, por la noche, la siento rondando, como un fantasma curioso, mirando por encima de mi hombro. Pero no le tengo miedo. He vivido una vida buena, llena de amor, risas, y algunas lágrimas también.

Y aunque este hospital se haya convertido en mi mundo, mis recuerdos son mi escape. Cierro los ojos y me veo a mí mismo joven otra vez, chinchorreando por los montes con 'Mi Vieja', riendo bajo el sol caribeño. Esos recuerdos son mi tesoro, las joyas de una vida vivida sin remordimientos.

Así que aquí estoy, 'El León', viendo el sol de mi vida tocando el horizonte del destino preparando para apagar su hermosa luz, recordando y reflexionando. Esperando ver qué me espera al otro lado del destino en estos mis últimos días.

***

Despierto cada mañana en esta habitación, un lugar que ya casi se siente como casa. Pero no es mi hogar, ni se le parece. Aquí, cada día es como una fotocopia del anterior. Me despiertan a la misma hora, me dan las mismas pastillas y me sirven la misma comida sin sabor.

A veces, mientras miro por la ventana, veo a la gente caminando por la calle, cada quien en lo suyo, y me da un no sé qué. Echo de menos esos días en que yo era parte de ese mundo, cuando mi cuerpo no era una cárcel.

Entonces, me pierdo en mis recuerdos. Recuerdo aquellos días de juventud, cuando 'Mi Vieja' y yo recién empezábamos nuestra vida juntos. Éramos dos jóvenes locos, enamorados del mundo y el uno del otro. Nos sentíamos invencibles, como si pudiéramos tomar el mundo en nuestras manos y hacerlo girar. La vida pareciera durar para siempre. 

Me acuerdo de las noches bailando salsa y merengue hasta que los pies nos dolían, de las risas en la playa bajo el sol que nos doraba la piel. Recuerdo nuestras escapadas al Yunque, donde el verde de los árboles se entremezclaba con el canto de los coquí, el sonido de las cascadas y el aroma fresco de la tierra mojada, creando un santuario natural que siempre nos hacía sentir en casa. Eran días de libertad, de sueños sin límites.

Pero no todo fue color de rosa. Vinieron los tiempos duros, los problemas económicos, las preocupaciones de la vida adulta. A veces, la vida nos golpeaba fuerte, pero nunca nos dejamos caer. 'Mi Vieja' siempre fue mi fuerza en esos momentos. Siempre encontraba la manera de sacar una sonrisa, una esperanza, incluso en los días más oscuros.

Nuestros hijos llegaron y con ellos una nueva etapa de nuestra vida. Verlos crecer, enseñarles a andar por la vida, compartir con ellos nuestras tradiciones y valores, eso nos llenaba de orgullo y alegría. Cada uno de sus logros era como una estrella que añadíamos a nuestro universo personal.

Ahora, desde esta cama, esos recuerdos son como un jarabe para mi alma. A veces, 'Mi Vieja' se sienta a mi lado y hablamos de esos tiempos. Se nos escapa alguna que otra lágrima, pero más que nada, reímos. Reímos al recordar las travesuras, las aventuras, los momentos que nos hicieron quienes somos. 

Y aunque me duele no poder ser parte de ese mundo allá afuera, me siento agradecido. Agradecido por cada momento vivido, por cada sonrisa compartida, por cada lágrima que nos hizo más fuertes. Cada día en este hospital es un recordatorio de que, aunque mi cuerpo esté débil, mi espíritu sigue siendo el de 'El León', fuerte y lleno de vida.

Pero la vida es más que recuerdos. Es sobre seguir adelante, incluso cuando el camino se hace difícil. Y aunque mi camino se esté acortando, todavía tengo cosas que hacer, palabras que decir, amor que dar. Hasta que llegue mi último día, seguiré siendo 'El León', luchando, amando y viviendo en cada recuerdo, en cada suspiro.

***

Hoy 'Mi Vieja' vino a visitarme. Esos días son los mejores. Aunque cada vez que la veo entrar por esa puerta, siento una mezcla de alegría y tristeza. Alegría porque ahí está ella, mi todo, mi vida entera hecha en persona, pero tristeza porque la veo cansada, llevando el peso de nuestros años en sus hombros.

Ella entra con esa sonrisa que aún me derrite como el primer día. "¿Cómo está mi Papi hoy?" me pregunta, y yo, como siempre, le respondo que mejor ahora que está aquí. Se sienta a mi lado y me toma de la mano, y por un momento, me siento como si no estuviera en este hospital.

Hablamos de todo y de nada. Me cuenta de los nietos, de las cosas que pasan en el barrio, de las pequeñeces que hacen la vida. Pero hoy, hoy decidimos recordar. "¿Te acuerdas de cuando nos fuimos a acampar a Culebra?" me pregunta, y cómo olvidarlo. Ese viaje fue un desastre, la comida se nos voló con los fuertes vientos, llovió como cosa loca, pero reímos tanto. Recuerdo que le dije a mi esposa que no trajera los espaguetis que siempre preparaba para los camping y ellas los preparo como quiera diciéndome con una sonrisa “Uno nunca sabe.”…en fin fue lo q había para comer por el resto del viaje. Nos reímos con gusto y ganas. Esos momentos, esos son los que se quedan grabados en el alma.

Luego, hablamos de nuestros hijos. De cómo nos sentimos el día que nació el primero. Esa mezcla de miedo y emoción. 'Mi Vieja' siempre fue la fuerte, la que mantenía la calma. Yo estaba hecho un mojón de nervios. "Pensé que te ibas a desmayar en la sala de partos de lo hincho que te pusiste," me dice entre risas.

Pero no todo en nuestra vida fue risas. También tuvimos nuestros momentos difíciles. Perdimos a seres queridos, enfrentamos desafíos que nos pusieron a prueba. Pero nunca nos soltamos de la mano. Siempre juntos, en las buenas y en las malas.

Hoy, mientras hablábamos, hubo un momento en que 'Mi Vieja' se quedó callada, mirándome con esos ojos que dicen más que mil palabras. "Te amo, mi viejo," me dice. Y yo, con la voz quebrada por la emoción, le digo "Y yo a ti, mi vieja. Siempre."

Recordar es volver a vivir. Y hoy, en esta habitación de hospital, volví a vivir nuestra vida juntos. Cada risa, cada lágrima, cada momento compartido. Todo lo que nos ha hecho ser lo que somos.

Cuando llegó la hora de irse, 'Mi Vieja' se levantó lentamente. Se acercó y me dio un beso en la frente. "Mañana vuelvo, mi Papi. Te quiero." Y yo, viéndola alejarse, sentí una mezcla de gratitud y tristeza. Gratitud por tenerla en mi vida, y tristeza porque cada despedida podría ser la última.

Así son mis días ahora. Una mezcla de pasado y presente, de recuerdos y realidades. Pero mientras tenga a 'Mi Vieja' a mi lado, aunque sea por momentos, sé que tengo todo lo que necesito.

***

Se fue 'Mi Vieja', y con su partida, la habitación se siente más grande, más vacía. Me quedo mirando la puerta por donde salió, deseando poder seguirla a casa. Darme un baño en nuestra bañera. Quisiera poder ir a sentarme en la marquesina y quedarme dormido viendo mis programas. Quiero ir a jugar domino en la esquina y gritar “CAPICUA” mientras doy duro con la ficha en la mesa. Pero aquí estoy, atado a esta cama, a estas máquinas que pitan y graban mi vida en números y gráficos.

La soledad se sienta a mi lado, una compañera silenciosa que me invita a pensar, a reflexionar. Mis pensamientos vuelan como aves por los edificios y las calles de mi mente, recorriendo cada rincón de mi vida.

Pienso en las decisiones que tomé, en los caminos que escogí. No todo fue perfecto, cometí mis errores, tuve mis caídas. Pero cada paso, cada tropiezo, me trajo hasta aquí. ¿Me arrepiento? Quizás de algunas cosas, cositas que en su momento parecían montañas. Pero de lo grande, de lo que realmente importa, no hay arrepentimiento.

Me detengo en los momentos que marcaron mi vida: el día que conocí a 'Mi Vieja', el nacimiento de mis hijos, las risas compartidas en reuniones familiares, las noches de desvelo preocupado por el futuro. Cada uno de esos momentos es una estrofa en la concierto de mi existencia.

Y ahora, enfrentando la posibilidad de que mis días estén contados, pienso en la mortalidad. Esa palabra que siempre estuvo allí, pero que nunca quise mirar de frente. La mortalidad es como el viento que sientes pero no ves. Ahora, lo siento más fuerte, respirando sobre mi nuca, recordándome que mi tiempo es finito.

Pero más que miedo, lo que siento es una profunda gratitud. Gratitud por haber vivido una vida llena, por haber amado y haber sido amado. Por cada alegría y cada lágrima que compartí con 'Mi Vieja', con mi familia, con mis amigos.

Entre estos pensamientos, también me asaltan los 'y si...'. Y si hubiera hecho esto o aquello diferente. Pero luego recuerdo las palabras de mi padre: "El 'y si' es el amigo del arrepentimiento y el enemigo de la paz." Así que dejo esos pensamientos a un lado y me enfoco en lo vivido, en lo amado.

Me acuerdo de los consejos que di, de las historias que conté a mis hijos y nietos, de las lecciones de vida que compartí. ¿Serán esas las semillas que deje en este mundo? ¿Esas historias, esos consejos, vivirán después de mí?

La noche se va cerrando, y con ella, mis ojos. Pero mi mente sigue activa, danzando entre recuerdos y sueños, entre el pasado y el presente. Aquí, en esta habitación, solo con mis pensamientos, me siento más cercano que nunca a la esencia de quien soy: Gerardo 'El León' Gutiérrez, un hombre con una vida plena, con historias por contar y con un amor que trasciende el tiempo y el espacio.

***

Hoy sentí algo diferente en el aire cuando 'Mi Vieja' entró en la habitación. Había una mezcla de ternura y tristeza en sus ojos, como si ella también presintiera que estos momentos juntos estaban contando sus últimos minutos.

Nos tomamos de las manos, como hemos hecho tantas veces, pero hoy cada toque parecía más profundo, más significativo. Hablamos de lo de siempre, pero entre líneas había algo más, un reconocimiento silencioso de que cada palabra, cada mirada, podría ser la última.

"¿Recuerdas cuando fuimos a ver las estrellas en El Yunque?" me preguntó, sus ojos brillando con recuerdos. "Nunca había visto el cielo tan claro, tan lleno de luz." Y yo recordé. Aquella noche bajo el manto estrellado, cuando todo parecía posible, cuando el tiempo nos pertenecía. Cuando la vida era para siempre. 

Luego, nuestra conversación tomó un giro más profundo. 'Mi Vieja' habló de sus miedos, de cómo la idea de vivir sin mí la atormentaba. Y yo, con la voz entrecortada por la emoción, le hablé de mis propios temores, de dejarla sola, de no estar allí para ver crecer a nuestros nietos.

Pero en medio de ese mar de miedos y dudas, encontramos un puerto seguro en nuestro amor. "Pase lo que pase, siempre estaré contigo, mi viejo. En cada recuerdo, en cada pensamiento," me dijo, y sentí una paz inundarme. No era el fin, era una transformación, un cambio en la forma en que nuestro amor seguiría viviendo. Gracias, Dios, por esta mujer. 

En ese momento, tuve una serie de realizaciones. Entendí que mi vida, con sus altos y bajos, había sido una aventura maravillosa, llena de amor, desafíos y aprendizajes. Comprendí que lo más importante no eran los años vividos, sino los momentos compartidos, las risas, las lágrimas, las pequeñas victorias y los grandes amores.

Y aunque el miedo a lo desconocido seguía allí, pendiente, también estaba la certeza de que había vivido una vida plena. Que había amado con todo mi ser, que había reído, llorado, y sobre todo, que había sido verdaderamente feliz.

Cuando 'Mi Vieja' se levantó para irse, hubo un silencio cargado de significado. Nos miramos, y en esa mirada, dijimos más de lo que las palabras podrían expresar. "Te amo, mi viejo," me dijo con la voz cansada, y yo le respondí, "Y yo a ti, mi vieja. Siempre."

Se fue, y me quedé solo con mis pensamientos, pero ahora eran pensamientos llenos de gratitud, amor y una serenidad profunda. Había aceptado mi destino, no con resignación, sino con una comprensión tranquila de que cada vida tiene su ciclo, y el mío había sido, sin duda, extraordinario. Gracias, Dios, por mi vida. 

***

La habitación está en silencio ahora, solo roto por el leve sonido de mis propios pensamientos. La noche se siente más larga que de costumbre, como si el tiempo se hubiera parado, dándome unos momentos más para reflexionar, para vivir.

Con un gran suspiro fijo la mirada hacia el techo, donde las sombras bailan suavemente al ritmo de las luces parpadeantes de las máquinas a mi alrededor. Mis pensamientos corren…pero no como maratonistas todos hiendo hacia las mismas conclusiones, no, mas bien parecían niños chiquitos cada cual corriendo al ritmo que le toque su alma. 

Pienso en 'Mi Vieja', en cómo su amor fue igual desde aquella primera sonrisa que lanzo hacia mi hasta el momento en q me dio el ultimo beso. Me pregunto cómo será su vida sin mí, cómo llenará los espacios que dejaré vacíos. Le pido a Dios que me la guarde y que me la guie. Líbrala de todo mal señor. Espero que encuentre consuelo en nuestros recuerdos, en el amor que compartimos, en los hijos que criamos, y en los nietos que añoñamos juntos. 

Pienso en mis padres, queriendo que sea verdad aquel pensamiento que me acompañó la noche q se murió papi y me convencí de que lo volvería a ver el día que a mi también me toque cruzar hacia ese lado. 

Pienso en mis hijos, mis nietos... ¿cómo recordarán a su viejo? ¿Como el hombre fuerte y valiente, o como el abuelo cariñoso que les contaba historias de su juventud? Espero haberles enseñado algo valioso, haber dejado una huella en sus corazones.

La noche avanza, y con ella, mis pensamientos se vuelven más introspectivos. Reflexiono sobre mis sueños, esos que se quedaron en el camino, y me pregunto si hice bien en perseguirlos o dejarlos ir. Pero luego pienso en todo lo que sí logré, en las batallas ganadas, en los momentos de felicidad y orgullo.

En esta quietud, siento que estoy en la cúspide de algo desconocido, algo grande. Es como estar parado en la orilla del mar, mirando al horizonte donde el cielo se encuentra con el agua. Hay miedo, sí, pero también hay una sensación de asombro, de curiosidad por lo que vendrá.

Y en medio de estos pensamientos, siento una presencia, una sensación de estar acompañado. No es algo físico, sino más bien un sentimiento, como si los que amé y perdí estuvieran allí conmigo, dándome fuerza, acompañándome en este último tramo del camino. De momento sentí querer estar entre los brazos de mis padres como cuando era un niño y corría con miedo hacia su habitación después de tener algún mal sueño. Ay papi, me haces falta. Espero que me estes esperando con mami como me lo prometiste el día aquel.  

La noche me envuelve con su manto, y en ella encuentro una especie de paz. No es una rendición, sino una aceptación de que cada vida tiene su momento, su propósito. Y yo, Gerardo 'El León' Gutiérrez, he vivido la mía con todo lo que tenía.

Cierro los ojos, no buscando el sueño, sino abrazando este momento de soledad, como si fuera un viejo amigo que viene a llevarme de la mano hacia un nuevo amanecer. Tengo un momento de conexión conmigo mismo y con todo lo que he vivido. Es una noche larga, una noche de reflexiones y memorias, una noche que se siente como un puente entre mi ayer y mi eternidad.

Suspiro profundamente por ultima vez. Mis pensamientos me dejan en paz. 



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