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La Caída de “El Leon”

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  Yo soy Gerardo Gutiérrez, pero todos me conocen como 'El León'. Aquí estoy, tirado en esta camilla en este hospital, mirando el techo y pensando en cómo rayos llegué a este punto. Mis días ahora son una mezcla de doctores que entran y salen, medicinas que no sé para qué sirven, y un montón de tiempo para pensar. Nací y crecí en Puerto Rico, en un barrio lleno de vida, música y sabor. Desde chamaquito siempre fui de espíritu aventurero, siempre el primero en subirse a los árboles más altos y en meterse en los charcos más grandes. Mi madre siempre decía que yo tenía más energía que un huracán. *** Conocí a 'Mi Vieja' en una fiesta patronal, bailando con una gracia que capturó mi corazón al instante. Su risa era una melodía que resonó en mi alma desde ese primer encuentro, un sonido que aún me acompaña en los días más solitarios. Desde ese día, supe que ella era la única para mí. La enamoré siendo yo mas enamorado de ella q ella de mi. Nos casamos jóvenes, llenos de s...

Zhuravlik: El Espíritu de La Taiga

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Soy Zhuravlik, el tigre de la taiga siberiana. Mi historia no es solo mía; es la historia de la nieve, del viento, de los árboles antiguos que susurran viejos secretos. Desde mi nacimiento, he recorrido estos bosques, una sombra entre sombras, un suspiro en la vastedad del silencio. Aquí, donde el frío muerde la carne y el aire corta como cuchillas de hielo, he aprendido lo que significa ser el señor de mi dominio. Cada amanecer, cuando el sol apenas se atreve a tocar el horizonte, abro mis ojos a un mundo congelado en una eternidad blanca. La nieve cubre todo como un manto sagrado, solo interrumpido por las huellas de aquellos que se atreven desafiar el reinado del invierno. Mis pasos son cuidadosos, medidos; cada huella es un poema escrito en la libreta de la naturaleza. En mi juventud, mis días estaban llenos de juegos y descubrimientos. Corría entre los árboles, mi pelaje naranja y negro un destello contra el blanco inmaculado. Aprendí a cazar, a moverme con sigilo, a ser un repart...

Llora, Chivito! -

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Los llantos de un chivito interrumpieron el sueño profundo de Angel, quien a sus 15 años había sido enviado por su madre a pasar el verano con su tío Jaime en un monte entre Jayuya y Ponce. Angel se sentó en la cama, frotándose los ojos mientras trataba de entender el sonido del chivito que aún resonaba en cada esquina del cuarto en el que se encontraba. Angel tocó el piso frío del cuarto con los pies y lo pensó dos veces antes de pararse. La calor del colchón aún lo invitaba a quedarse, y el frío del aire acondicionado trataba de convencerlo por igual, pero el ruido del chivito llorando no dejaba de retumbar en las paredes del cuarto. Al abrir la puerta, el aroma del café llenó rápidamente las fosas nasales de Angel. Casi todos los días, Tío Jaime despertaba a Angel con un desayuno de pan y huevo, acompañado de un café orgánico que él mismo cultivaba. "¿Tío? ¡Tú oyes eso?" preguntó Angel, entre el sonido del chivito gritando y el sonido de la greca vaciando el chin de café ...