Llora, Chivito! -
Los llantos de un chivito interrumpieron el sueño profundo de Angel, quien a sus 15 años había sido enviado por su madre a pasar el verano con su tío Jaime en un monte entre Jayuya y Ponce. Angel se sentó en la cama, frotándose los ojos mientras trataba de entender el sonido del chivito que aún resonaba en cada esquina del cuarto en el que se encontraba.
Angel tocó el piso frío del cuarto con los pies y lo pensó dos veces antes de pararse. La calor del colchón aún lo invitaba a quedarse, y el frío del aire acondicionado trataba de convencerlo por igual, pero el ruido del chivito llorando no dejaba de retumbar en las paredes del cuarto.
Al abrir la puerta, el aroma del café llenó rápidamente las fosas nasales de Angel. Casi todos los días, Tío Jaime despertaba a Angel con un desayuno de pan y huevo, acompañado de un café orgánico que él mismo cultivaba.
"¿Tío? ¡Tú oyes eso?" preguntó Angel, entre el sonido del chivito gritando y el sonido de la greca vaciando el chin de café que tenía en su fondo.
Angel apagó el café y salió por la puerta de la cocina para encontrarse frente a frente con el sol caribeño que ya estaba asomando su cara por entre medio de las modestas palmas que adornaban la humilde casita de Jaime.
El sonido del chivito suplicando se escuchaba más cerca. Angel caminó hacia una rústica casita que tenía el tío a pocos metros de la casa principal.
Al llegar a la parte de atrás de la casita, Angel se encuentra con su tío afilando un machete. El chivito está amarrado de un palo sembrado en el suelo. Angel se asoma y grita '¡Tío!'. En ese momento, el tío levanta el machete y, sin decir una palabra, le da un golpe rápido y mortal en el cuello al chivito, poniéndole fin a su llanto.
Jaime da una media vuelta y se encuentra a su sobrino a quien el hacia durmiendo.
“Ehhh, Angelito! Buenos días, papito…ya bebiste cafe?”
En ese momento, la tia de Angel sale de la casa con una taza de cafe con leche humeante en la mano y una sonrisa en su rostro que competía con el sol caribeño por su calor.
“Buenos dias, Angelito. Aqui tienes tu cafecito, mi amor” saluda su tia Marissa al darle su taza. “Esta noche se come bueno!” Concluye al ver que al chivito ya le habian cumplido su condena.
Tia Marissa vuelve a salir por la puerta de la cocina con otro cafe en mano para Jaime, quien se estaba limpiando las manos de sangre en una llave que salia del suelo al lado de la casita.
Jaime agarra su cafe e invita a Angel a sentarse en una mesita de desayuno que Jaime habia puesto al aire libre para poder beber cafe y mirar hacia el horizonte su bello pais.
Desde aquella mesita se podia ver todo un valle y mas montañas a lo lejos. El sol brillaba intensamente mientras el viento pretendía dar alivio a la calor con su fresca ternura.
“Hermoso, verdad?” Le pregunta Jaime a su sobrino que aun no a podido superar el shock de la masacre del chivo.
“De eso no te preocupes, nene. Yo se que tu no estas acostumbrado a ver eso alla afuera en los Yunaire…desde que eso se adobe y se cocine se te quita eso.” Asegura Tio Jaime al beberse sus ultimos sorbos de cafe.
Angel asentió con la cabeza y se dio otro sorbo de su café. Por mas crudo que parezca asi era la vida en la finca de su tio. Habia mucho que aprender.
Sentado en aquella mesita en aquel monte Jaime y Angel se comieron su desayuno, Angel en reflexion sobre la vida y la muerte y en su bienvenida a la vida campesina de su familia.

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