Llora, Chivito! -
Los llantos de un chivito interrumpieron el sueño profundo de Angel, quien a sus 15 años había sido enviado por su madre a pasar el verano con su tío Jaime en un monte entre Jayuya y Ponce. Angel se sentó en la cama, frotándose los ojos mientras trataba de entender el sonido del chivito que aún resonaba en cada esquina del cuarto en el que se encontraba. Angel tocó el piso frío del cuarto con los pies y lo pensó dos veces antes de pararse. La calor del colchón aún lo invitaba a quedarse, y el frío del aire acondicionado trataba de convencerlo por igual, pero el ruido del chivito llorando no dejaba de retumbar en las paredes del cuarto. Al abrir la puerta, el aroma del café llenó rápidamente las fosas nasales de Angel. Casi todos los días, Tío Jaime despertaba a Angel con un desayuno de pan y huevo, acompañado de un café orgánico que él mismo cultivaba. "¿Tío? ¡Tú oyes eso?" preguntó Angel, entre el sonido del chivito gritando y el sonido de la greca vaciando el chin de café ...